Todos contamos con algún familiar o familiares enterrados en el cementerio. Las tumbas o lápidas se encuentran expuestas 24 horas al día 365 días al año por lo que el clima, la vegetación o la propia actividad humana acaba dañándolas. Es necesario un mantenimiento a nivel de la limpieza de la tumba, si ese mantenimiento no es llevado a cabo, antes o después será necesario contratar un servicio profesional de limpieza de cementerios.
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Antes de comenzar con la limpieza de la lápida, debemos verificar la condición de la misma. Es fundamental comprobar los siguientes aspectos antes de comenzar la limpieza:

-La estabilidad de la estructura, si no es estable no se debe proceder con la limpieza, deberíamos reformarla.
-El estado de la piedra. No deben apreciarse grandes grietas o una descamación excesiva que sugiera una más que posible rotura del material
-La solidez de la estructura. Si su apariencia es de excesiva fragilidad es mejor proceder con una reforma antes de realizar la limpieza
Del mismo modo hay ciertos agentes empleados habitualmente en la limpieza de la vivienda que no son aptos para limpiar una tumba en delicadas condiciones.Vamos a darte un pequeño listado de lo que no debes emplear al limpiar una lápida:
-Cepillos con cerdas de alambre ni ningún otro elemento metálico.
-Estropajos extra fuertes.
-Herramientas eléctricas.
-Lejía o limpiadores abrasivos que habitualmente se emplean en la limpieza del hogar.
-Cualquier tipo de sellador

El uso de cualquiera de los elementos anteriormente citados podría  causar daños irreparables en las tumbas.

Vamos a describirte brevemente el instrumental a utilizar en el proceso de limpieza de la tumba.
Para hacer la limpieza de una lápida necesitarás: Agua, un cepillo de cerdas naturales, un cepillo de dientes, una suave esponja, un trapo o paño, una bayeta de microfibra y un producto jabonoso neutro (aunque lo ideal es un producto especial para la piedra de que se trate).
En cuanto al proceso de la lipieza en sí; utiliza el trapo en seco para retirar el polvo y suciedad de la lápida. Empapa la esponja en agua y limpia la superficie. Posteriormente aclara y repite la operación con la esponja pero con el producto limpiador.Para las superficies en relieve o de difícil acceso utiliza el cepillo de dientes pero con suavidad. Aclara nuevamente y seca la superficie de la lápida con una bayeta de microfibra.

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