Hasta el 2009 se vio al hombre misterioso que visitaba la tumba de Edgar Allan Poe todos los 19 de enero en la madrugada. Ese fue el último año de una tradición que llevaba más de 7 décadas y que todo el mundo quería descifrar. Nadie conocía la identidad de este hombre de abrigo negro y bastón con la cara cubierta que se encargaba de dejar todos los años una botella de cognac a medias y tres rosas en la tumba del escritor.

La fecha de la visita coincidía con el cumpleaños de Poe, por lo que se asume que lo que llevaba el hombre misterioso era una especie de regalo para que el difunto lo celebre.  Pese a que la historia de este visitante se hizo muy famosa aún no se conoce su identidad. Varios estudiantes de la obra de Edgar Allan Poe hacían vigilias los 19 de enero para poder ver a este señor misterioso, pero sin interrumpir su ritual.

Además de la botella y las rosas, en ocasiones el visitante dejaba notas que podían dar indicios de quién era o de lo que pretendía. En 1993, 16 años antes de la última visita, dejó una nota en la que afirmaba «pasar la antorcha» de la tradición. Varios estudiosos cercanos a Poe afirman que con esto se refería a que su hijo heredaría la tradición de visitar a Allan y llevarle sus ofrendas.

tumbas enigmas

Pero parece que a partir de ahí nada fue igual. Desde el 2010 el visitante misterioso dejó de ir y no tardaron en aparecer los imitadores, pero quienes siguieron la historia de cerca sabían reconocer al original y no se dejaban engañar así que todo quedó ahí. Desde ese entonces, la tumba de Allan Poe no volvió a ser la de antes ni recuperar el color que el cognac y las rosas le dejaban.

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